23/05 Westfjordur
23/05
Hoy tenemos que coger un ferry que sale a las 15:00 de este pueblito donde hemos dormido, Stykkisholmur. Así qué tenemos opciones limitadas por la mañana. Visitamos la iglesia Helgufar, situada en una colina de 70 metros a la que se puede subir, construida por terreno considerado sagrado y donde llegó a haber un monasterio. Dice la leyenda que puedes pedir 3 deseos... Así que tenemos 6 entre los dos, 6 perritos. Volvemos al pueblo y dejamos en coche en el puerto, canjeamos los tickets online comprados con antelación por los tres billetes para el ferry, uno es para el jeep, y nos vamos a dar un paseo pre-barco. Subimos a un pico con un faro enfrente del puerto, hacemos unas fotos al paisaje y a los pájaros y aún nos queda una hora y media de espera. Esto no pasa en junio, cuando hay más ferris. Nos vamos al mismo restaurante café de ayer y pedimos un par de cafés y un trozo de pastel de manzana (no queremos comer más mantequilla) y hacemos tiempo con ayuda de la wifi, que hay en casi todos los cafés, hoteles, gasolineras...
A las 2:15 nos ponemos en la cola de los coches, somos los primeros y entramos en el barco. Aparcamos el coche con la ayuda de una amable señor que nos hace dejarlo súper pegado a la pared y nos subimos al bar. Durante el camino vemos como el tiempo empeora, hay niebla y no se ve gran cosa desde el barco, eso sí, nos da tiempo a comer un sándwich de huevo y bacon, y a disfrutar tranquilamente del viaje hasta que llegamos a las 17:30 al otro lado. Está diluviando, pero nos ponemos camino a Latrabjarg. De camino subimos una montaña completamente cerrada de la niebla, nieve a los lados... Vamos, que parece invierno y sin parar de llover. Antes de llegar al hotel hay dos sitios de interés para visitar. La playa de Raudissandur y los acantilados de Latrabjarg. Arrancamos el camino hacia la playa pero es una carretera de barro, sigue sin parar de llover y a F le da mucho miedo! Lo está pasando fatal conduciendo en estas condiciones, así que desistimos. Intentamos lo del acantilado, pero después de atravesar una súper duna derrapando y viendo la poca visibilidad que va a haber cuando lleguemos, preferimos darnos la vuelta a unos 13 km de distancia del destino. Esto es una pena, pero nos lo vamos a perder...
Llegamos al hotel, dejamos las maletas, un señor inglés mayor y muy amable, le pregunta al de recepción y a nosotros que sí es buena idea intentar ir a los acantilados y le decimos que por poder se puede, pero que no es tarea fácil. Igual les quitamos las ganas porque somos unos caguetas. Es curioso la cantidad de parejas de mayores que nos encontraremos a lo largo del viaje. Bueno, estamos listos para ir a cenar en el pueblo, pero nuestro coche decide no arrancar. Horror! Segundo día y coche ya roto. Volvemos al hotel, al menos aquí nos pueden dar de cenar. Desde allí, llamamos al car rental y nos dicen que alguien nos lo arreglará la mañana siguiente. Lo mejor de todo esto es que nos forzó a quedarnos a cenar en el hotel, porque fue la segunda mejor cena del viaje: salmón nigiri y bacalao con una salista dulce, de lo mejor que hemos probado en la vida, bueniiiiisimo. Además desde la ventana del restaurante se ve el fiordo y nos dice el camarero que él ha llegado a ver ballenas ahí desde hace unos 3 años, a lo largo de todo el verano, incluso ahora podríamos verlas. Nosotros no tenemos tanta suerte pero las vistas son increíbles a pesar de la niebla. Por cierto los chicos que trabajan en este hotel son encantadores, como todos los islandeses que de momento nos hemos encontrado y muy jóvenes, como también veremos que se repite a lo largo del viaje.

0 comentarios:
Publicar un comentario
Suscribirse a Enviar comentarios [Atom]
<< Inicio