domingo, 15 de junio de 2014

25/05 Día de transición

Hoy nos esperan 400 km de viaje fiordo para arriba y fiordo para abajo, sin más objetivo que disfrutar del paisajee y avanzar en nuestro camino hacia Husavik. El camino nos lleva por insondables carreteras de asfalto y grava. Hoy no llueve tanto, así que el camino es sencillo y se puede disfrutar de las vistas. Eso si, hay unos 200 km sin gasolineras ni ningún tipo de población. De camino, paramos en un punto marcado como observatorio de focas y vimos una nadando justo enfrente de nosotros. Nada más volver a arrancar el coche, se nos cruzo por la carretera (frenazo mediante) un zorro ártico, que es como un mapache con la cola muy larga.

Hoy han castigado al pobre F sin comer a pesar de ser su cumpleaños.  El segundo tramo del viaje, acabados los fiordos,, incluye una subida de una montaña muy interesante en la que otra vez estamos rodeados de hielo, pero sin niebla, mucho más bonito esta vez.

Llegamos a nuestro cottage que es claramente una solución habitacional en la que C se siente como un león enjaulado. Así que dejamos las maletas, visitamos el pueblo de Hvammasstagi, localizamos el único y espeluznante lugar para cenar y nos vamos en busca de unos sitios marcados como santuarios de focas. Por el camino tenemos que esquivar a ovejas y corderitos que se empeñan en estar en mitad de la carretera. No hemos dicho esto antes, pero es época de corderitos, aquí todas las oveja tienen 2, con lo cual es un espectáculo de mini ovejas - adorables.

El primer lugar recomendado ni lo encontramos, pero el segundo aparece marcado en el camino con la señal de avistamiento de focas, paramos y nos adentramos en la finca de un señor que tiene caballos pero que deja entrar a los turistas para que vean las focas desde sus tierras, algo común en esta zona. Divisamos a lo lejos 3 focas con ayuda de los prismáticos. Una gris, una blanca y un bebe gris clarito. Y una más que F no ve, pero C sí. Además si escuchamos atentamente hacen un sonido que es como un ladrido, característico de las focas.

Nos volvemos a cenar al pútrido sitio que habíamos localizado, elección segura: un par de pizzas al horno q claramente en el menú ya se predecía que eran pizzas congeladas. Este es el peor sitio en el que cenamos de toda Islandia. Los de la mesa de la lado se atreven con unas truchas con verduras y como ya sabíamos les plantan un plato precocinado en envase de aluminio que meten en el horno. Vamos, todo un centro de delicatessen.

Como compensación llevamos a F a comprarse un helado en la gasolinera/cafetería/tienda del pueblo y a C le toca conducir de vuelta a casa mientras a F se le va derritiendo el helado por el camino.

El cottage está a mil grados y C descubre que las soluciones habitacionales le dan claustrofobia, y tiene que salirse a dar un paseo en pijama con el plumas porque se agobia. Aprovecha para saludar a dos caballitos que estaban en la puerta de casa. Otro día que nos vamos a dormir pronto, y como encima no se hace de noche, la sensación es aún más exagerada.

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