26/05 Akureyri y Husavik
Aprovechamos qué parece que en este pueblo al que nunca viene nadie existe un factory de lana para buscar maravillas made in Iceland. Nos caen un gorrito y guantes para C y unos calcetines para F.
Ponemos rumbo a la roca troll, Hvitserkur. Para llegar pasamos por una carretera en la que dos islandeses muy majos están echando sal y F les pregunta que sí se puede llegar fácilmente, a lo cual los islandeses se descojonan un poco. Llegamos, le hacemos fotos, muy chulo y vemos que mucho más abajo en la playa hay un grupo de estudiantes. Armados de nuestros prismáticos divisamos algunas figuras que brillan al sol y ladran y que resultan ser una colonia de focas. Bajamos a verlas y disfrutamos de la enorme colonia de focas, la mayoría tumbadas tomando el sol y alguna que otra bañándose. Este es el mejor sitio en eel que hemos visto focas de todo el viaje. Merece la pena pasar un ratito disfrutándolas.
Volvemos al coche, destino Akureyri, la capital del norte. Por el camino volvemos a pasar unas montañas y unos paisajes a lo largo de toda la carretera de fábula: nieve, hielo, sol, agua... Y una mezcla de verde, azul, marrón y blanco de impresión.
Akureyri es el pueblo más grande en el que hemos estado hasta ahora y tiene muy buena pinta. Al llegar, nos hacemos un sándwich de las reservas del coche (ya sólo nos queda atún!) y nos lo comemos de cara al embarcadero, donde unos adolescentes islandeses aprovechan la hora de comer para darse un baño gélido en las aguas del fiordo. Qué valientes! Recorremos el pueblo con el coche, precioso, también viviríamos aquí, en este enclave rodeado de agua azul y montañas con hielo.
De camino hacia Husavik paramos en las cataratas de Godafoss se pueden ver casi desde el coche, no hay que andar, y la parada está al lado de la carretera principal. Vamos, visita obligada cuyo fácil acceso explica que es la primera vez en la isla en la que aparecen turistas en nuestras fotos.
Llegamos a Husavik y le damos un agua al coche que otra vez está todo lleno de barro. Las vistas desde la gasolinera con el sol en las montañas cayendo sobre el mar son impresionantes. Vamos al bed and breakfast que habíamos reservado, oh no, compartimos baño, y hay un cartel que dice que recojamos las llaves en el Cape hotel. Allí nos dicen que de bed and breakfast nada, que están remodelando, y que a cambio tenemos una habitación en el primer piso (sin ascensor) de ese hotel, con baño propio (yupi). Nos vamos a dar un pasito por el pueblo, ha vuelto a salir el sol un poco. Vemos casas de 1900, y en algunas hay un olor horrible a pescauzo, como que lo tienen colgado para secarlo. Nos tomamos una cervecita en el pub en frente del pueblo donde por primera vez en todo el viaje empezamos a ver algo de animación y algún turista que otro. Intentamos conseguir tickets para las ballenas en este pub/restaurante, pero nos dicen que hasta mañana a las 8 es imposible. La cena es en Nastiaud, una sopa de pescado buenísima, una brocheta de bacalao y unas cigalas a la plancha (que aquí se llaman langostinos). Exquisito y muy bien de precio. Mucho calor en la habitación del hotel, dnd desde la ventana se veía un tejado de uralita... Una kk de vistas, y la habitación sin kettle, qué le vamos a hacer.
Mañana nos espera un gran día, que vamos a ver ballenas.

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