domingo, 15 de junio de 2014

28/05 Eastfjordur

Atravesando una nube de mosquitos llegamos al desayuno de los cottages 'acosados', y hay que reconocer que el desayuno estaba muy bueno, la señora hacía pancakes y hemos aprovechado.

La primera parada del día es Krafla que es un paraje volcánico con los restos de lava de un volcán que erupción de hace sólo 30 años. No se puede llegar con el coche hasta arriba del todo porque aún queda un buen trozo de nieve, pero se puede subir lo suficiente como para continuar el camino andando. Así qué subimos hasta el cráter del volcán desde dnd se puede ver el lago Vik dentro del cráter, congelado. Merece la pena la subida ya que las vistas son magníficas.

Ponemos rumbo a Eggistadir, nuestro destino, y de camino nos encontramos con una catarata súper chula que no estaba en ningún mapa que fue una suerte encontrarse.

Compramos provisiones en el Bonus de Egilstaddir y repostamos dispuestos a visitar el primer fiordo. Como mañana vamos a repetir algún trozo, empezamos por el del medio que es Mjoifjordur. Un desastre la intentona, según nos vamos adentrando la carretera es más estrecha, la niebla más cerrada y la nieve está más cerca de la carretera. Paramos un 4x4 enorme y le preguntamos si se puede llegar. Nos mira el coche de arriba a abajo, evaluando si el jeep estará a la altura y nos responde que está todo abierto y que se llega sin ningún problema, pero no nos fiamos y con la niebla que hay no se va a ver nada así que nos damos la vuelta.

Nos dirigimos hacia el segundo fiordo, Eskifjordur. El pueblecito es precioso al final del fiordo, y en él vemos la casa favorita de F, toda llena de enanos de jardín.

La carretera continúa hasta el otro lado del fiordo a Neskaupstadur. Iniciamos el camino que incluye el ascenso a un pico donde la niebla se va cerrando y cerrando hasta que llegamos a un punto donde no se ve la distancia entre dos palosindicadores de nieve de los lados de la carretera y a nuestra izquierda aparece una masa de nieve 3 veces el alto del coche. Observando la montaña de nieve y previendo que con la niebla la visibilidad del paisaje va a ser nula, nos damos la vuelta y enfilamos al siguiente fiordo, Seydisfjordur. Para llegar aquí, de nuevo, atravesamos un pico completamente nevado pero esta vez sin niebla al menos a la ida. El pueblo es muy bonito, rodeado de cataratas, con un puerto comercial con un barco enorme atracado. Lo recorremos un par de veces con el coche.

Nos dirigimos a nuestra casita, en Ekra. El camino es una mezcla de carretera de asfalto y de grava, pero al llegar, merece la pena. La dueña es encantadora, tiene una granja y nos trae a dos corderitos para que los acariciemos, y el cottage es una pasada. Súper espacioso, con un salón, dos habitaciones y vistas al río. Nada de solución habitacional, esta noche C no tendrá claustrofobia.

La señora nos intenta reservar para cenar en Borgarfjordur, pero parece que sólo abren a partir de junio (como nos pasó en Hvammastagi). Aún así visitamos el fiordo porque nos ha contado la dueña de la granja un secreto que tenemos que ver. Subimos otro puertecito de montaña, esta vez por un camino de grava.

Al llegar al pueblo y pasar al otro lado del fiordo, a los pies de un puerto pequeño, hay una montaña donde los puffins anidan y que se puede visitar. Los vemos cerquísima, y es un sitio ideal para fotografiarlos, porque te puedes acercar mucho y no se asustan fácilmente. Los hay a cientos, algunos en el acantilado y otros nadando. También hay miles de gaviotas y escuchamos focas pero no las localizamos. En definitiva, esto compensa con creces no haber podido ir a Latrabjarg en los fiordos del oeste. Además el paisaje por el que se pasa para llegar aquí es una pasada, montañas con nieve al pie del mar, playas rodeadas de cataratas... Paramos en la carretera al lado de un cartel que explica la leyenda del camino: hay una cruz que rememora la victoria de un caballero del año 1300 aproximadamente a un monstruo mitad humano mitad troll que impedía el paso por ese camino. Más tarde en el viaje nos enteramos que a veces ha llegado algún oso polar a Islandia flotando en un iceberg, así que sumamos 2+2 y ya sabemos qué era ese mosntruo. A la vuelta nos encontramos con un paisaje de montaña con una "puesta de sol" espectacular.

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