lunes, 16 de junio de 2014

29/05 Eastfjordur

En el libro de visitas del cottage leemos que todo el mundo habla de lo fantástico que ha sido visitar la catarata de Hengifoss, asi que C no para de pedir ir a esa catarata. Metemos el nombre en el GPS y arrancamos el camino pero sufrimos una muy desafortunada sorpresa, parece que hay dos Hengifoss. Una, la catarata que queremos ir a visitar y otra que resulta estar en el mismo pico cerrado por la niebla que ayer evitamos. Lamentablemente sólo nos damos cuenta de esto cuando ya habíamos hecho 30 km en la dirección incorrecta. Finalmente llegamos a la base de la catarata para la que no hay carteles, ni esta donde dice el googlemaps ni esta donde dice el GPS, pero con un pco de paciencia se encuentra. F no está muy entusiasmado de cualquier forma. Comenzamos el ascenso de lo que probablemente son los 2,5 km más largos de todo el viaje, porque son cuesta arriba, con una buena pendiente. En un punto del camino, vemos que hay que dar un salto a una madera en medio del río que está casi inundada, pero hay un chico que se da cuenta de nuestro titubeo y salta unas tres o cuatro veces, entre otras cosas, estamos seguros de que es para demostrarnos que no pasa nada. O también podía ser que tenía madera de castor, porque está empeñado en hacer una presita para que sea ms fácil saltar, cosa que no consigue. Sobra decir lo que pasaría si no se llevan zapatos waterproof, porque no es este el único punto por el que hay que cruzar el cauce. Por fin, después de mucho subir y mojarnos llegamos a una enoooooorme catarata, con un montón de metros de caída de agua sobre un bloque de hielo gigante. Imprescindible.

Para hacer el camino hasta Hofn, nuestro siguiente destino, elegimos la ruta más larga pero que nos lleva por la última parte inferior de los fiordos del este. La carretera de montaña es realmente preciosa y el paseo por el fiordo con el agua a una distancia de poder tocarla con la mano, muy similar a lo de los fiordos del oeste, pero esta vez con sol. De camino paramos a tomar un café en Djungavogur, donde C se hace amiga de unos islandeses que estaban al lado tomando un café al sol, que nos cuentan que son de Akureyri y que están allí de vacaciones. Tras infinitas paradas para hacer fotos llegamos a Hofn. El hotel parece la sala de espera de un dentista (F se está cansando de sitios cutres) y nos han dado una habitación de minusválidos, creemos que todas lo son, impecablemente limpio y muy espaciosa. Vamos a cenar al sitio que no es el top choriceros de la Lonely Planetporque nos fiamos cero después de una experiencia malísima en El Cairo, en Hajurkafi, un atracón de cigalas que no nos lo creemos, un postre buenísimo y dos cafés irlandeses.

domingo, 15 de junio de 2014

28/05 Eastfjordur

Atravesando una nube de mosquitos llegamos al desayuno de los cottages 'acosados', y hay que reconocer que el desayuno estaba muy bueno, la señora hacía pancakes y hemos aprovechado.

La primera parada del día es Krafla que es un paraje volcánico con los restos de lava de un volcán que erupción de hace sólo 30 años. No se puede llegar con el coche hasta arriba del todo porque aún queda un buen trozo de nieve, pero se puede subir lo suficiente como para continuar el camino andando. Así qué subimos hasta el cráter del volcán desde dnd se puede ver el lago Vik dentro del cráter, congelado. Merece la pena la subida ya que las vistas son magníficas.

Ponemos rumbo a Eggistadir, nuestro destino, y de camino nos encontramos con una catarata súper chula que no estaba en ningún mapa que fue una suerte encontrarse.

Compramos provisiones en el Bonus de Egilstaddir y repostamos dispuestos a visitar el primer fiordo. Como mañana vamos a repetir algún trozo, empezamos por el del medio que es Mjoifjordur. Un desastre la intentona, según nos vamos adentrando la carretera es más estrecha, la niebla más cerrada y la nieve está más cerca de la carretera. Paramos un 4x4 enorme y le preguntamos si se puede llegar. Nos mira el coche de arriba a abajo, evaluando si el jeep estará a la altura y nos responde que está todo abierto y que se llega sin ningún problema, pero no nos fiamos y con la niebla que hay no se va a ver nada así que nos damos la vuelta.

Nos dirigimos hacia el segundo fiordo, Eskifjordur. El pueblecito es precioso al final del fiordo, y en él vemos la casa favorita de F, toda llena de enanos de jardín.

La carretera continúa hasta el otro lado del fiordo a Neskaupstadur. Iniciamos el camino que incluye el ascenso a un pico donde la niebla se va cerrando y cerrando hasta que llegamos a un punto donde no se ve la distancia entre dos palosindicadores de nieve de los lados de la carretera y a nuestra izquierda aparece una masa de nieve 3 veces el alto del coche. Observando la montaña de nieve y previendo que con la niebla la visibilidad del paisaje va a ser nula, nos damos la vuelta y enfilamos al siguiente fiordo, Seydisfjordur. Para llegar aquí, de nuevo, atravesamos un pico completamente nevado pero esta vez sin niebla al menos a la ida. El pueblo es muy bonito, rodeado de cataratas, con un puerto comercial con un barco enorme atracado. Lo recorremos un par de veces con el coche.

Nos dirigimos a nuestra casita, en Ekra. El camino es una mezcla de carretera de asfalto y de grava, pero al llegar, merece la pena. La dueña es encantadora, tiene una granja y nos trae a dos corderitos para que los acariciemos, y el cottage es una pasada. Súper espacioso, con un salón, dos habitaciones y vistas al río. Nada de solución habitacional, esta noche C no tendrá claustrofobia.

La señora nos intenta reservar para cenar en Borgarfjordur, pero parece que sólo abren a partir de junio (como nos pasó en Hvammastagi). Aún así visitamos el fiordo porque nos ha contado la dueña de la granja un secreto que tenemos que ver. Subimos otro puertecito de montaña, esta vez por un camino de grava.

Al llegar al pueblo y pasar al otro lado del fiordo, a los pies de un puerto pequeño, hay una montaña donde los puffins anidan y que se puede visitar. Los vemos cerquísima, y es un sitio ideal para fotografiarlos, porque te puedes acercar mucho y no se asustan fácilmente. Los hay a cientos, algunos en el acantilado y otros nadando. También hay miles de gaviotas y escuchamos focas pero no las localizamos. En definitiva, esto compensa con creces no haber podido ir a Latrabjarg en los fiordos del oeste. Además el paisaje por el que se pasa para llegar aquí es una pasada, montañas con nieve al pie del mar, playas rodeadas de cataratas... Paramos en la carretera al lado de un cartel que explica la leyenda del camino: hay una cruz que rememora la victoria de un caballero del año 1300 aproximadamente a un monstruo mitad humano mitad troll que impedía el paso por ese camino. Más tarde en el viaje nos enteramos que a veces ha llegado algún oso polar a Islandia flotando en un iceberg, así que sumamos 2+2 y ya sabemos qué era ese mosntruo. A la vuelta nos encontramos con un paisaje de montaña con una "puesta de sol" espectacular.

27/05 Myvatn

Madrugón a las 7 de la mañana para asegurarnos que no hay problema con los tickets de las ballenas. El desayuno normalito, y F aprende un truco que repetiremos, se hizo un sándwich mixto que resultó un acierto. Dejamos las maletas en el hotel en un ejercicio de confianza pura ya que todo aquel con el que hablamos en el hotel parece poco rápido. Nos vamos a por los tickets de las ballenas y escogemos la que mejor pinta tiene que es north sailing y que ya habíamos pre reservado por internet. El viaje elegido es el de puffins, whales and sailings.

Es un barco de vela, vamos unas 40 personas, hay sitio cómodamente para todos. Al entrar al barco nos dan un mono con el que parecemos todos michelin, pero que nos mantiene calentitos y que además antes cualquier emergencia, nos podría mantener a flote. No hay de que preocuparse, el mar está en calma, no hay ni una ola ni una brizna de viento. Al poco rato de salir se divisa la primera ballena, muy lejos y difícil de ver, sólo se ve una apertura en el agua y un lomito. Es una minke whale. Continuamos hacia la isla de los puffins, donde vemos cientos y cientos de estos pajaritos. Son bastante grandes y les cuesta mucho volar porque tienen el cuerpo grande comparado con las alas. Pero bucean genial, aguantan hasta dos minutos dentro del agua y así es como se esconden cuando nos acercamos. Nos cuenta el chico (de unos 14 años, estamos preocupados de la explotación infantil de este país) que en invierno se van todos de la isla y que creen que pasan el invierno en alta mar, pudiendo hacerlo ya que son caaces de beber agua del mar. Continuamos el camino hacia las montañas de la izquierda de la bahía, durante la menos una hora. Al cabo de un rato, nos juntamos con otros barquitos que han llegado antes que nosotros. Inmediatamente nos vemos recompensados por dos ballenas jorobadas. Las vemos muy cerca, incluso pasan por debajo del barco. Normalmente aparecen dos o tres veces antes de sumergirse más profundamente y tardan unos minutos en volver a salir. La última vez le vemos a una de ellas la colita.

Las dejamos atrás para dirigirnos hacia otro barco que parece que tiene otra ballena localizada, esta vez una ballena azul. Es gigantesca, desde que sale hasta que desaparece en el agua pasan bastantes segundos y el chorro que suelta se ve desde mucha distancia. Después de perseguirla un rato, emprendemos el regreso, durante el cual, F aprende a subir una vela y nos dan un chocolate calentito con un chorrazo de ron y un cinamon roll. 4 horas de viaje que se han pasado rápido, y que nos han dejado un poquito congelados, menos mal que nos habían prestado los monos térmicos.

Arrancamos el camino hacia Myvatn, sólo unos 80 km y tenemos ciertas dificultades para encontrar el lugar de dormir hoy. Resulta ser un campamento para camping donde han puesto unos cottages acosados, han dividido cada cottage en 4 y alquilan las 4 habitaciones por separado. Parece súper cutre, pero en el fondo nada distinto que cualquier otro hotel. Lo peor de esta zona y no tiene remedio para nadie que quiera dormir en Myvatn, es que hay mini libélulas/mosquito por todas partes, pero verdaderas nubes. Docenas en la habitación, centenas en la puerta, sí abres la boca te los tragas. Nos ponemos camino a Dettifoss haciendo caso al GPS, y encontramos dos cosas que nos llaman la atención donde nos paramos. Primero, una laguna de agua caliente súper azul, tanto que fer cree que esta tratada. C no lo cree y piensa que es un efecto del vapor de agua. El caso es que hay señales de prohibido bañarse. El segundo es cruzando una montaña de color rojo marciano que tiene vetas que hacen que parezca como si fuese una barra de pan, una foto muy típica de esta zona. En la falda de esta montaña encontramos unos depósitos sulfurosos y unos lagos de lo que C dice que es el lago del hedor eterno, porque son lagos que burbujean del calor pero no es agua lo que burbujea, sino una materia gris infecta y apestosa, y huele muchísimo a azufre. Esto se llama Hvenir. Es muy impresionante ver los chorros de vapor naturales. Como una cafetera cuando sale el café continuamente.

De camino a Detifoss, vemos que en la carretera hay una señal hacia allí que no es por dnd dice el GPS. Efectivamente hay dos caminos pero decidimos seguir por el indicado en nuestro maravilloso navegador. Llegamos hasta el camino para encontrar una señal de carretera cortada.  Damos la vuelta en busca de ese cartel que decía Dettifoss que habíamos visto en el camino. Llegamos, carretera 682, F no se fía ni un pelo (carretera de 3 cifras!) así que antes de continuar decidimos comprobar si está abierta o no llamando al 1177, 'if you want information in english call 1178'. Llamamos a ese número: tremenda IVR de carreteras -  nos dice road is OK, rocky road, river to cross, closed road. Vamos, que hagas lo que te dé la gana, una mezcla de todo. Ya en la carretera, F para un coche que viene de frente, pregunta y el conductor nos dice que está todo perfecto. Llegamos hasta las cataratas y tras caminar casi 1 km por nieve y barro conseguimos divisar Dettifoss. La caída de agua es espectacular, aunque la vista desde este lado no es la mejor, porque no se llega a ver donde cae el agua, pero aún así es impresionante. Es la catarata más caudalosa de Europa. También se puede visitar la otra catarata Setifoss. Las dos son imprescindibles. 

Nos moríamos de hambre así que decidimos ir a cenar al lugar local recomendado Vgojafoss café, que es un establo para vacas con un café al lado con ventanas para ver las vacas mientras comes hamburguesa de vaca (así escrito suena cruel, se pueden comer otras muchas cosas). Menos mal que somos carnívoros convencidos (bueno, al menos F) porque si no, las hamburguesas nos habrían sentado un poco mal.

Para después de cenar decidimos ir a visitar los Myvatn baths, que son unos lagos de agua caliente con olor a azufre. Están muy bien, es algo que hay que hacer si vienes a Islandia, pero huelen un poco a bomba fétida. En el último momento descubrimos que sí tienes frío solo hay que acercarse a la zona de la que sale el chorro de agua caliente, que está muy muy muy caliente. Aquí te dan toalla si no tienes y curioso, antes de dejarte pasar a las piscinas, tienes que ducharte en pelotas. La razón es que hay que estar muyy limpito para bañarse, ya que el agua no está tratada.

Salimos de allí y para hacer sueño nos vamos a visitar el último paraje por descubrir de la zona: los campos de lava de Dimmuborgir. Es un paisaje de formaciones de lava de hace 8000 años, y donde dice la leyenda que viven los Yule Lads de la Navidad islandesa. Es como un jardín de rocas volcánicas con pinta de troll, por el que uno pasea admirando los trolls. Nos decidimos a hacer este paisaje porque son las 10 de la noche y aún hace sol, pero sol de gafas de sol, una pasada. A la salida del parque fotografiamos el cráter Hverfjall, que es el cráter de un volcán que se puede ascender pero que vamos a ver sólo desde lejos.

Nos vamos a dormir al campo de los mosquitos agotados. 

26/05 Akureyri y Husavik

Aprovechamos qué parece que en este pueblo al que nunca viene nadie existe un factory de lana para buscar maravillas made in Iceland. Nos caen un gorrito y guantes para C y unos calcetines para F.

Ponemos rumbo a la roca troll, Hvitserkur. Para llegar pasamos por una carretera en la que dos islandeses muy majos están echando sal y F les pregunta que sí se puede llegar fácilmente, a lo cual los islandeses se descojonan un poco. Llegamos, le hacemos fotos, muy chulo y vemos que mucho más abajo en la playa hay un grupo de estudiantes. Armados de nuestros prismáticos divisamos algunas figuras que brillan al sol y ladran y que resultan ser una colonia de focas. Bajamos a verlas y disfrutamos de la enorme colonia de focas, la mayoría tumbadas tomando el sol y alguna que otra bañándose. Este es el mejor sitio en eel que hemos visto focas de todo el viaje. Merece la pena pasar un ratito disfrutándolas.

Volvemos al coche, destino Akureyri, la capital del norte. Por el camino volvemos a pasar unas montañas y unos paisajes a lo largo de toda la carretera de fábula: nieve, hielo, sol, agua... Y una mezcla de verde, azul, marrón y blanco de impresión.

Akureyri es el pueblo más grande en el que hemos estado hasta ahora y tiene muy buena pinta. Al llegar, nos hacemos un sándwich de las reservas del coche (ya sólo nos queda atún!) y nos lo comemos de cara al embarcadero, donde unos adolescentes islandeses aprovechan la hora de comer para darse un baño gélido en las aguas del fiordo. Qué valientes! Recorremos el pueblo con el coche, precioso, también viviríamos aquí, en este enclave rodeado de agua azul y montañas con hielo.

De camino hacia Husavik paramos en las cataratas de Godafoss se pueden ver casi desde el coche, no hay que andar, y la parada está al lado de la carretera principal. Vamos, visita obligada cuyo fácil acceso explica que es la primera vez en la isla en la que aparecen turistas en nuestras fotos.

Llegamos a Husavik y le damos un agua al coche que otra vez está todo lleno de barro. Las vistas desde la gasolinera con el sol en las montañas cayendo sobre el mar son impresionantes. Vamos al bed and breakfast que habíamos reservado, oh no, compartimos baño, y hay un cartel que dice que recojamos las llaves en el Cape hotel. Allí nos dicen que de bed and breakfast nada, que están remodelando, y que a cambio tenemos una habitación en el primer piso (sin ascensor) de ese hotel, con baño propio (yupi). Nos vamos a dar un pasito por el pueblo, ha vuelto a salir el sol un poco. Vemos casas de 1900, y en algunas hay un olor horrible a pescauzo, como que lo tienen colgado para secarlo. Nos tomamos una cervecita en el pub en frente del pueblo donde por primera vez en todo el viaje empezamos a ver algo de animación y algún turista que otro. Intentamos conseguir tickets para las ballenas en este pub/restaurante, pero nos dicen que hasta mañana a las 8 es imposible. La cena es en Nastiaud, una sopa de pescado buenísima, una brocheta de bacalao y unas cigalas a la plancha (que aquí se llaman langostinos). Exquisito y muy bien de precio. Mucho calor en la habitación del hotel, dnd desde la ventana se veía un tejado de uralita... Una kk de vistas, y la habitación sin kettle, qué le vamos a hacer.

Mañana nos espera un gran día, que vamos a ver ballenas.

25/05 Día de transición

Hoy nos esperan 400 km de viaje fiordo para arriba y fiordo para abajo, sin más objetivo que disfrutar del paisajee y avanzar en nuestro camino hacia Husavik. El camino nos lleva por insondables carreteras de asfalto y grava. Hoy no llueve tanto, así que el camino es sencillo y se puede disfrutar de las vistas. Eso si, hay unos 200 km sin gasolineras ni ningún tipo de población. De camino, paramos en un punto marcado como observatorio de focas y vimos una nadando justo enfrente de nosotros. Nada más volver a arrancar el coche, se nos cruzo por la carretera (frenazo mediante) un zorro ártico, que es como un mapache con la cola muy larga.

Hoy han castigado al pobre F sin comer a pesar de ser su cumpleaños.  El segundo tramo del viaje, acabados los fiordos,, incluye una subida de una montaña muy interesante en la que otra vez estamos rodeados de hielo, pero sin niebla, mucho más bonito esta vez.

Llegamos a nuestro cottage que es claramente una solución habitacional en la que C se siente como un león enjaulado. Así que dejamos las maletas, visitamos el pueblo de Hvammasstagi, localizamos el único y espeluznante lugar para cenar y nos vamos en busca de unos sitios marcados como santuarios de focas. Por el camino tenemos que esquivar a ovejas y corderitos que se empeñan en estar en mitad de la carretera. No hemos dicho esto antes, pero es época de corderitos, aquí todas las oveja tienen 2, con lo cual es un espectáculo de mini ovejas - adorables.

El primer lugar recomendado ni lo encontramos, pero el segundo aparece marcado en el camino con la señal de avistamiento de focas, paramos y nos adentramos en la finca de un señor que tiene caballos pero que deja entrar a los turistas para que vean las focas desde sus tierras, algo común en esta zona. Divisamos a lo lejos 3 focas con ayuda de los prismáticos. Una gris, una blanca y un bebe gris clarito. Y una más que F no ve, pero C sí. Además si escuchamos atentamente hacen un sonido que es como un ladrido, característico de las focas.

Nos volvemos a cenar al pútrido sitio que habíamos localizado, elección segura: un par de pizzas al horno q claramente en el menú ya se predecía que eran pizzas congeladas. Este es el peor sitio en el que cenamos de toda Islandia. Los de la mesa de la lado se atreven con unas truchas con verduras y como ya sabíamos les plantan un plato precocinado en envase de aluminio que meten en el horno. Vamos, todo un centro de delicatessen.

Como compensación llevamos a F a comprarse un helado en la gasolinera/cafetería/tienda del pueblo y a C le toca conducir de vuelta a casa mientras a F se le va derritiendo el helado por el camino.

El cottage está a mil grados y C descubre que las soluciones habitacionales le dan claustrofobia, y tiene que salirse a dar un paseo en pijama con el plumas porque se agobia. Aprovecha para saludar a dos caballitos que estaban en la puerta de casa. Otro día que nos vamos a dormir pronto, y como encima no se hace de noche, la sensación es aún más exagerada.

24/05 Westfjordur

24/05

Nos levantamos muy pronto porque se suponía que a las 8:00 venía el señor que nos iba arreglar el coche, pero no aparece hasta las 8:50 así que desayunamos mientras. El chico se lleva el coche y nos lo devuelve a las 10:30. Ni siquiera hablamos con él, nos deja en recepción las llaves y un mensaje que dice 100% fixed.

Comienza el camino hacia el norte de los fiordos del oeste, algo que después del viaje descubrimos que llaman los Alpes de los Westfjodurs. El camino resulta ser una mezcla de carreteras de asfalto, gravilla y tierra convertida en barro porque sigue sin parar de llover con la ascensión a 4 puertos de montaña, con su correspondiente niebla y hielo en la parte superior. Sufrimos algún momento de desesperación pensando que al día siguiente encima había otros 300 km de carretera por un camino que perfectamente podía ser parecido. Es precioso de cualquier forma, todo nieve o hielo a los bordes de la carretera, laguna azules en medio del hielo, corrientes de agua por debajo del hielo, patos en el medio de la carretera... No tenemos fotos porque no nos atrevíamos a parar por si luego nos quedábamos tirados.

Entre puerto y puerto está la cascada de Dynjandi, aparcamos el coche y subimos andando hasta el pie de la cascada. El camino tiene algunos intervalos donde hay que meter el pie dentro del agua, pero merece la pena, esto no hay que perdérselo. Eso sí, hay que llevar botas de hiking resistentes al agua. Comparando después con otras caídas de agua de la isla, que está llena, tenemos que decir que esta es la que nos llegó al corazoncito. El entorno, la subida, que no hubiera nadie, hizo que esta visita fuese especial. Algo que hay que hacer sí o sí en Islandia es probar el agua de los manantiales y esta era una zona ideal - el mejor agua que hemos probado nunca, no dejéis de hacerlo. 

De camino, tras los duros puertos, paramos en un pueblecito a echar gasolina y a tomar un café, Flateyri, recordando haber leído que los perritos calientes en Islandia son un manjar, pedimos uno y ciertamente están buenos, una clara influencia americana. 

Continuamos el camino hasta Isafjordur, esta vez no nos hace falta subir más puertos, que hay unos túneles que comunica los pueblitos y vamos a través de ellos.  Llegamos a Isafjordur y tenemos un apartamento monísimo muy tipo C, que nos transmite una sensación como de estar en casa. Dejamos las maleta y nos vamos a dar de comer a los bacalaos a Sudureyri. Vamos a la única tienda/gasolinera del pueblo y le preguntamos al chico, que nos dice que no tiene cebo, pero nos vende unas sardinas en aceite enlatadas. Nos da indicaciones para que lleguemos al embarcadero del lago, un lago de agua salada y ejecutamos la ceremonia de invocación a los bacalaos que nos ha explicado el chico. Consiste en golpear dos piedras dentro del agua. En unos 5 minutos aparece un bacalao gordito y precioso que devora las sardinas que hemos tirado al agua. Parece que sí que les gustan las sardinas en aceite. Con idea de familiarizarse con el bicho, C le da de comer en la mano mientras le acaricia el lomo y la cabecita y las dos primeras veces le funciona fenomenal. La tercera vez, mientras C sujeta una sardina con su mano derecha, el bacalao se acerca y se mete dentro de la boca la sardina y 3 dedos de C. Al cerrar la boca descubrimos que el bacalao tiene dientes: C tira de la mano, el bacalao sale del agua enganchado a los dedos de C y C sacude la mano para que el bacalao se suelte, y el pobre bacalao acaba devuelto al agua panza arriba del mene. Drama bacalao, la mano de C sangrando, y F muerto de risa, así que vamos de vuelta a la tienda/gasolinera a que se lave las manos y se eche desinfectante. A saber qué tipos de bacterias tienen los bacalaos en la boca. Otra experiencia que no hay que perderse.

Volvemos a Isafjordur con objeto de encontrar una cafetería mirando al mar donde tomar algo, pero en todo el camino al pueblito no hay ni una cafetería, ni un bar, ni un pub, ni nada de nada. Estos islandeses, o no les gusta el mar o beben en sus casas. Total, que cogemos el coche y visitamos los pueblos al final del fiordo, con los ojos bien abiertos por sí vemos focas. Nada muy remarcable, con lo cual volvemos a Isafjordur  y adelantamos la cena. Y esta sí que fue la mejor cena de Islandia. El local para cenar era 100% auténtico, una cabaña de pescadores, con grandes mesas para comprtir. El menú es una hoja de papel arrugada y sin precios. Y la camarera te indica que pescados tienen hoy. Ni entrantes ni leches. F se pide bacalao y C un lenguado - la presentación es muy parecida en los dos, en sartén con patatas baby, tomates y alguna verdura y el pescado cocinado en ello. No sabemos cómo lo hacen pero consiguen que cada plato sepa totalmente distinto del otro, uno de los mejores pescados que hemos comido nunca. Y después de eso, una colección de infusiones y enormes termos de café y trocitos de chocolate buffet. Inmejorable.

Después del ajetreado día caemos redondos en la cama a una hora incedentemente temprana.

23/05 Westfjordur

23/05

Hoy tenemos que coger un ferry que sale a las 15:00 de este pueblito donde hemos dormido, Stykkisholmur. Así qué tenemos opciones limitadas por la mañana. Visitamos la iglesia Helgufar, situada en una colina de 70 metros a la que se puede subir, construida por terreno considerado sagrado y donde llegó a haber un monasterio. Dice la leyenda que puedes pedir 3 deseos... Así que tenemos 6 entre los dos, 6 perritos. Volvemos al pueblo y dejamos en coche en el puerto, canjeamos los tickets online comprados con antelación por los tres billetes para el ferry, uno es para el jeep, y nos vamos a dar un paseo pre-barco. Subimos a un pico con un faro enfrente del puerto, hacemos unas fotos al paisaje y a los pájaros y aún nos queda una hora y media de espera. Esto no pasa en junio, cuando hay más ferris. Nos vamos al mismo restaurante café de ayer y pedimos un par de cafés y un trozo de pastel de manzana (no queremos comer más mantequilla) y hacemos tiempo con ayuda de la wifi, que hay en casi todos los cafés, hoteles, gasolineras...

A las 2:15 nos ponemos en la cola de los coches, somos los primeros y entramos en el barco. Aparcamos el coche con la ayuda de una amable señor que nos hace dejarlo súper pegado a la pared y nos subimos al bar. Durante el camino vemos como el tiempo empeora, hay niebla y no se ve gran cosa desde el barco, eso sí, nos da tiempo a comer un sándwich de huevo y bacon, y a disfrutar tranquilamente del viaje hasta que llegamos a las 17:30 al otro lado. Está diluviando, pero nos ponemos camino a Latrabjarg. De camino subimos una montaña completamente cerrada de la niebla, nieve a los lados... Vamos, que parece invierno y sin parar de llover. Antes de llegar al hotel hay dos sitios de interés para visitar. La playa de Raudissandur y los acantilados de Latrabjarg. Arrancamos el camino hacia la playa pero es una carretera de barro, sigue sin parar de llover y a F le da mucho miedo! Lo está pasando fatal conduciendo en estas condiciones, así que desistimos. Intentamos lo del acantilado, pero después de atravesar una súper duna derrapando y viendo la poca visibilidad que va a haber cuando lleguemos, preferimos darnos la vuelta a unos 13 km de distancia del destino. Esto es una pena, pero nos lo vamos a perder...

Llegamos al hotel, dejamos las maletas, un señor inglés mayor y muy amable, le pregunta al de recepción y a nosotros que sí es buena idea intentar ir a los acantilados y le decimos que por poder se puede, pero que no es tarea fácil. Igual les quitamos las ganas porque somos unos caguetas. Es curioso la cantidad de parejas de mayores que nos encontraremos a lo largo del viaje. Bueno, estamos listos para ir a cenar en el pueblo, pero nuestro coche decide no arrancar. Horror! Segundo día y coche ya roto. Volvemos al hotel, al menos aquí nos pueden dar de cenar. Desde allí, llamamos al car rental y nos dicen que alguien nos lo arreglará la mañana siguiente. Lo mejor de todo esto es que nos forzó a quedarnos a cenar en el hotel, porque fue la segunda mejor cena del viaje: salmón nigiri y bacalao con una salista dulce, de lo mejor que hemos probado en la vida, bueniiiiisimo. Además desde la ventana del restaurante se ve el fiordo y nos dice el camarero que él ha llegado a ver ballenas ahí desde hace unos 3 años, a lo largo de todo el verano, incluso ahora podríamos verlas. Nosotros no tenemos tanta suerte pero las vistas son increíbles a pesar de la niebla. Por cierto los chicos que trabajan en este hotel son encantadores, como todos los islandeses que de momento nos hemos encontrado y muy jóvenes, como también veremos que se repite a lo largo del viaje.

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